Cómo ordenar un armario y que dure ordenado
Ordenar el armario es fácil; lo difícil es que siga ordenado en un mes. El truco está en quitar antes que en colocar.
Ordenar un armario un domingo por la tarde es relativamente fácil. Lo difícil, lo que casi nadie consigue, es que ese armario siga ordenado un mes después y no haya vuelto al caos de prendas amontonadas. Y el motivo de ese fracaso casi siempre es el mismo: ordenamos colocando mejor lo que tenemos, cuando el problema es que tenemos demasiado. El orden que dura empieza por quitar.
Saca todo y enfréntate a ello
El método que funciona es algo radical: saca todo el armario. Todo fuera, sobre la cama. Ver de golpe la cantidad real de ropa que tienes es revelador, y muchas veces incómodo. Solo entonces, con todo a la vista, empiezas a decidir prenda a prenda qué vuelve al armario y qué no. Ordenar metiendo cosas mejor colocadas sin sacarlas nunca cambia nada de fondo.
La regla del año
Al decidir, la pregunta clave no es me gusta, sino me lo pongo. Acumulamos ropa que nos gusta pero que no usamos: la que nos está justa, la de por si acaso, la de aquella ocasión que no se repitió. Una regla sencilla y eficaz: si no te lo has puesto en un año entero, con sus cuatro estaciones, probablemente no te lo vas a poner. Esa ropa ocupa espacio, esconde la que sí usas y te hace creer que no tienes sitio. Suéltala.
El armario no se desordena porque coloques mal: se desordena porque guardas el doble de lo que usas.
Un sitio para cada cosa
Con menos ropa, organizar es fácil y dura. La idea es que cada tipo de prenda tenga su zona fija: las camisetas aquí, los pantalones allá, lo de temporada a mano y lo de fuera de temporada arriba o en otro sitio. Cuando cada cosa tiene su lugar asignado, devolverla a su sitio es automático y el orden se mantiene solo. El desorden nace cuando las cosas no tienen un sitio claro y acaban en cualquier parte.
Doblar para ver
Un truco que transforma los cajones: dobla la ropa de pie, en vertical, en lugar de apilarla en montones horizontales. Así ves todas las prendas de un vistazo al abrir el cajón, en vez de solo la de arriba. Se acabaron las camisetas olvidadas en el fondo del montón que no te pones nunca porque ni las ves. Ver todo lo que tienes es la mitad de mantenerlo ordenado y de usarlo.
Mantenerlo es un hábito
Por último, el orden no se hace una vez, se mantiene a diario con gestos mínimos: colgar lo que te quitas en lugar de dejarlo en la silla, devolver cada cosa a su zona, y un repaso un par de veces al año para soltar lo que ha dejado de usarse. Con un armario que solo guarda lo que usas y un sitio para cada cosa, mantenerlo ordenado deja de ser una batalla para ser algo que pasa solo.
3 comentarios
Lo de sacarlo todo y decidir prenda a prenda es duro pero es el único método que me ha funcionado de verdad. Sin atajos.
La regla de si no me lo he puesto en un año, fuera, me liberó medio armario. Y no echo de menos nada.
Doblar de pie para que se vea todo de un vistazo cambió mis cajones. Ya no hay prendas olvidadas en el fondo.