El arte de vestir la cama (y por qué importan los cojines)
Una cama bien vestida es lo que separa un dormitorio cualquiera de uno de revista. Y se consigue con capas.
Si te has preguntado alguna vez por qué las camas de las fotos de decoración se ven tan apetecibles y la tuya no, la respuesta casi siempre es la misma: capas. Una cama bien vestida no lleva solo una funda nórdica estirada, lleva varias capas de textiles que le dan volumen, textura y calidez. Y sí, también unos cojines, que cumplen una función más allá del adorno.
Vestir por capas
El secreto está en superponer. La base es la sábana y la funda nórdica o la colcha, lisas y bien puestas. Encima, una manta o un plaid doblado a los pies de la cama añade una capa de color y textura que rompe la monotonía. Esa segunda capa, tan sencilla, es lo que da el salto de cama básica a cama cuidada. Cuesta poco y se nota muchísimo.
Los cojines, ni tantos ni ninguno
Los cojines son el elemento más incomprendido del dormitorio. Sin ninguno, la cama queda sosa y plana. Con demasiados, se vuelven un incordio que hay que quitar y poner cada noche. El punto justo está en el medio: unos pocos cojines, además de las almohadas de dormir, que aporten color y profundidad sin convertir hacer la cama en una obra de ingeniería. Dos o tres bien elegidos bastan.
Un plaid a los pies y un par de cojines: dos gestos baratos que convierten una cama normal en la de un hotel.
Mezcla texturas, no solo colores
El error habitual es comprar todo el conjunto a juego, del mismo color y tejido. Queda correcto pero plano. Lo que da vida es mezclar texturas: el lino arrugado de la funda con el punto grueso de una manta, el algodón liso con un cojín de terciopelo. Aunque los colores sean parecidos, la mezcla de tactos crea riqueza visual. Una cama monocolor gana muchísimo solo con variar los materiales.
Una paleta tranquila
En cuanto al color, en la cama suele funcionar mejor una paleta serena, con un par de tonos que combinen y algún detalle que destaque. Demasiados colores fuertes a la vez restan calma, y el dormitorio pide calma. Una base neutra, lino, blanco roto, gris, y un toque de color en un cojín o el plaid es una fórmula casi infalible.
El gesto diario
Todo esto no sirve de nada si la cama está deshecha. Hacer la cama cada mañana, estirar bien la capa de base y colocar el plaid y los cojines, lleva dos minutos y deja el dormitorio resuelto para todo el día. Es el hábito de decoración más rentable que existe: dos minutos por la mañana a cambio de un cuarto que da gusto ver el resto del día.
3 comentarios
Añadir un plaid a los pies de la cama es el truco más fácil y que más cambia. Da un aire de hotel inmediato.
Confieso que lo de los cojines me parecía una tontería hasta que los puse. La cama pasa de sosa a acogedora.
Mezclar texturas, lo del lino con el punto, queda genial. Antes ponía todo a juego y quedaba plano.